martes, 16 de octubre de 2012

Crónica de Pachorra en casa

Cuando vino Pachorra el domingo pasado y estaba medio agitado pensé que era un día mas de esos en los que no para de hablar y decir cosas sin pensar. Yo había pasado una mala noche, porque me había quedado solo y me agarró un poco de desesperación, no se, creo que los sábados a la noche si no como con amigos o familia me siento muy mal. Se me va un poco el gusto a la vida y me pongo meditabundo. Entonces, el domingo me queda de changuí de esperanza, a ver si aparece alguien, aunque sea para tomar un matecito y charlar de algo.
Por eso estaba contento de que esté Pachorra conmigo, yendo y viniendo por toda la cocina, comiendo todas la galletitas y el poco pan fresco que me quedaba.
Pachorra es uno de esos locos que le encanta hablar. Le encanta hablar de los demás y asumir conclusiones de la gente sin tener demasiada idea de lo que realmente les pasa. Se suele mandar cagadas porque se va de boca pero los que lo conocemos sabemos como es y lo queremos así, salvo Vito que a veces lo quiere cagar a trompadas cuando Pachorra le tira algún comentario de que está gordo o ese tipo de cosas. Pero fuera de eso, todos lo conocemos a Pachorra y lo queremos.
El viejo de Pachorra era igual, el típico viejo bocón que te hacía cagar de risa. Un día la vieja lo agarró viendo pornografía en la computadora.
"Prefiero ser viejo verde que viejo puto!"
Y esa frase quedó en el alma del barrio hasta el infinito. Pobre viejo, se murió de un paro, un día, mientras arreglaba un auto. Yo se igual que lo que lo mató fué la manera en que le daba al copete, porque el viejo nunca le aflojaba.
A Pachorra le cuesta soltar las palabras de adentro, como si tapara lo que de verdad tiene para decir, con otras palabras que no dicen nada. Debe ser por eso que es medio drogón, porque no sabe hablar.
Sabe que en mi puede confiar, pero casi que me obliga a estar siempre preguntándole. Me gustaría que algún día pueda hacerlo solo. O que se anime a llorar, a mostrar algo, alguito de su fragilidad.
Yo soy de esos tipos que lloran, soy pensante y sensible. A veces me gustaría ser mas fuerte y no cuestionarme tanto sobre la vida, pero lo heredé de mi abuela, una vieja fuera de lo común que se pregunta todos los días para que esta viva. Ella me inculcó esta forma de ser. Me invitaba a su casa y mientras amasaba los ñoquis para el domingo, me hacía preguntas y dejaba un buen espacio para que le conteste. Divina la viejita. Ahora que está con respirador y casi no puede comer, y menos hablar, yo me siento al lado suyo y tomo mate o leo un libro.
Después de un rato de dar tantas vueltas por la cocina, Pachorra se sienta.
"¿Y? ¿No me vas a preguntar que me pasa?"
Entonces lo miró y le pregunto lo que me pide que le pregunte.
Se mete un pedazo enorme de pan en la boca y empieza a hablar medio nervioso. Tartamudea, se ríe, hasta que por fin se suelta un poco. Pachorra se acababa de enterar que dejó embarazada a la Rocío, su eterna novia, con quien va y viene desde la secundaria, pero nunca van a dejar de estar juntos.
La Rocío es otra drogona a la que quiero mucho. Tiene el autoestima por el quinto subsuelo y el carácter mas fuerte que vi y escuché en mi vida.
Pachorra va a ser papá y no tiene laburo. No lo tiene porque por h o por b siempre se pelea con el jefe, o mete la pata de alguna manera. Es de esos tipos que jamás va a laburar. Y además no tiene casa. Después de que se murió su viejo, su mamá se tuvo que achicar porque ahora solo cobra la plata de la pensión y con eso apenas vive ella. La Rocío está peleada con toda su familia.
Por eso fué que Pachorra me pidió de venirse a vivir a casa con la Rocío.
"Hasta que consiga una changa y nos alquilamos una piecita."
Ya pasó como un año. Nació Rosita. 4.300 kg. Una beba hermosa. Ahora como en familia todos los sábados y amaso los ñoquis. Hablo y callo. Mientras, una niña juega al lado mio.