El arte de Marina Ruiz Guiñazú ( marinamaru@hotmail.com )
"Son retratos de niños que fueron cruzados en mi camino... Almitas que transformaron lo que ya había dentro para llevar mi alma infantil al trazo de ellos mismos, para que impriman eternamente su carácter de presente..."
Un espacio para liberar. No se si tengo el don de la escritura pero se compartir. Este es mi barro...
lunes, 27 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
Anotaciones sobre el Universo y nuestra amistad en Nicaragua
Este país que tanto no me prometía me hizo entender que si uno desea, y lanza ese suplicio al lleno del Universo, como por orden del corazón y su naturaleza, el deseo se hace realidad.
Hace unas semanas me preguntaba, mientras daba vueltas en la cama, que me había quedado del viaje. Tanto esfuerzo, energía, plata...para llevarlo a cabo. Además de lindos paisajes y momentos de risa, qué me dejó esta hermosa aventura?
Entonces recordé que durante esos meses me la pasé animándome a pedir lo que quería, creyendo que aquello iba a llegar.
Como deseaba desde las entrañas tener un bebé en mis manos! A las personitas que mas extrañaba (mis sobrinas) las tenía lejos, y aunque son irremplazables, todos los bebés saben transmitirme algo que no puedo explicar y que afirma mis deseos de ser madre (mientras tanto: tía). Entonces en una noche de brindis y pedidos, lanzé el suplicio de querer tener uno en mis brazos. Poder mirarlo, alzarlo. Que en el viaje me encuentre con la circunstancia en la que pueda expresar un poco de mi deseo maternal.
Llegados a la Isla de Ometepe, fuimos a visitar a una comunidad de personas que elegían vivir de manera distinta a lo que uno acostumbra ver. Todos parecían en paz con esa decisión, y a mi me gustó mucho ir. De entre ellos, el Universo me había preparado el regalito que tanto había estado murmurando a mis adentros.
Niño pequeño, sonriente, mirada limpia, como todos ellos. En mis brazos, en mis ojos, en mi sonrisa, ahí estuvo. Precioso. Gracias.
Hace unas semanas me preguntaba, mientras daba vueltas en la cama, que me había quedado del viaje. Tanto esfuerzo, energía, plata...para llevarlo a cabo. Además de lindos paisajes y momentos de risa, qué me dejó esta hermosa aventura?
Entonces recordé que durante esos meses me la pasé animándome a pedir lo que quería, creyendo que aquello iba a llegar.
Como deseaba desde las entrañas tener un bebé en mis manos! A las personitas que mas extrañaba (mis sobrinas) las tenía lejos, y aunque son irremplazables, todos los bebés saben transmitirme algo que no puedo explicar y que afirma mis deseos de ser madre (mientras tanto: tía). Entonces en una noche de brindis y pedidos, lanzé el suplicio de querer tener uno en mis brazos. Poder mirarlo, alzarlo. Que en el viaje me encuentre con la circunstancia en la que pueda expresar un poco de mi deseo maternal.
Llegados a la Isla de Ometepe, fuimos a visitar a una comunidad de personas que elegían vivir de manera distinta a lo que uno acostumbra ver. Todos parecían en paz con esa decisión, y a mi me gustó mucho ir. De entre ellos, el Universo me había preparado el regalito que tanto había estado murmurando a mis adentros.
Niño pequeño, sonriente, mirada limpia, como todos ellos. En mis brazos, en mis ojos, en mi sonrisa, ahí estuvo. Precioso. Gracias.
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