sábado, 25 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD

Hoy nace, hoy nació. Lo buscaban por todas partes, creían que sería un fuego artificial milagroso, o algún angel brillante con alas y túnica blanca. Miraban hacia el cielo pensando que caería de ahí, como algo ajeno a este mundo, caería tan perfectamente en alguna cuna de oro o un moisés divino. Lo desentendían de ellos mismos, porque no lo podían reconocer.
Y una noche, como si fuera una noche cualquiera, el más simple y común de los símbolos nos muestra la debilidad de este Dios que aparentemente creíamos creer. Valga la redundancia, que aparentemente porque nunca pensamos que se convertiría en semejante debilidad. Tan chiquito e indefenso que cualquiera podría pasarlo por encima, incluso con un golpe no tan fuerte hasta lo podrían haber matado.
Este Dios que decide nacer entre la mierdita de unos animalitos olvidados, con su respectivo olor, en un establo de mala muerte. Aquél lugar que tenemos apartado por que implica molestia, desorden. Nadie elige vivir ahí, tratamos de guardar lo que no queremos que los otros vean. Es un especie de depósito. Un lugar sucio, en el que no recibirías a tus invitados.
Y en un grito de dolor. No un dolor cualquiera, sino un auténtico dolor de parto, sale la criaturita llena de líquido amniótico y sangre. Medio peludito y rojito por la presión de su salida. Seguramente debe haber llorado como hacen todos los bebés, y debe haber necesitado de la teta de su mamá. Allí, escondidito, en medio de todo este lugar de rechazo y escondite, nace la vida, la vida tal y cual se nos fué dada a cada uno de nosotros. La vida que fué pasada por ese tremendo dolor que solo las madres conocen, y por esa inmensa alegría de la cual nadie podría olvidar.
Es un niño, un simple niño. Y el mundo se arrodilla ante él.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

No me enojé con vos

El otro día me robaste. Pero no me enojé con vos.
Te vi como te me ibas acercando. Aunque estabas drogado, no te costó mucho darte cuenta que no habíamos nacido en el mismo lugar. A lo lejos era fácil distinguirme de tu realidad.
Me diste miedo, tengo que reconocerlo. Me amenazaste con una botella de vidrio rota, y aprovechaste la situación porque el semáforo estaba en rojo.
Me contaste que te habías recién levantado de la siesta y que tenías hambre.
Se que habías dormido sobre algún banco medio sucio y que probablemente no sabías ni que hora era.
Se que solamente querías comer o comprarte un poco más de droga para anestesiarte un rato más. Capaz que si yo salía corriendo no me hubieses ni lastimado. O si, no lo se. Por las dudas ni lo intenté.
Nuestro encuentro duró menos que lo que duró ese maldito semáforo, o bendito, ya no se que pensar.
Pero no me enojé con vos. Aunque había cobrado ese día, no me enojé con vos.
Por qué habría de hacerlo? Se que no tenías otra posibilidad. O mejor dicho, seguramente nadie te haya dado una oportunidad.
Por que me enojaría con vos? Si se que la gente te pasa por al lado acostumbrada a que duermas abajo de un cartón. Pocos o ninguno son los que intentaron sacarte de ahí.
Por que me enojaría con vos? Si se que si no me robas no comes. Y que yo tengo una cama y vos tenes una plaza.
Por qué me enojaría con vos? Si me cuentan que en el mundo alcanza para que todos comamos, y ya pasaron dos días y vos no probaste bocado.
Yo no me enojé con vos. Me enojé con el mundo entero. Pero no me enojé con vos.