Te vi como te me ibas acercando. Aunque estabas drogado, no te costó mucho darte cuenta que no habíamos nacido en el mismo lugar. A lo lejos era fácil distinguirme de tu realidad.
Me diste miedo, tengo que reconocerlo. Me amenazaste con una botella de vidrio rota, y aprovechaste la situación porque el semáforo estaba en rojo.
Me contaste que te habías recién levantado de la siesta y que tenías hambre.
Se que habías dormido sobre algún banco medio sucio y que probablemente no sabías ni que hora era.
Se que solamente querías comer o comprarte un poco más de droga para anestesiarte un rato más. Capaz que si yo salía corriendo no me hubieses ni lastimado. O si, no lo se. Por las dudas ni lo intenté.
Nuestro encuentro duró menos que lo que duró ese maldito semáforo, o bendito, ya no se que pensar.
Pero no me enojé con vos. Aunque había cobrado ese día, no me enojé con vos.
Por qué habría de hacerlo? Se que no tenías otra posibilidad. O mejor dicho, seguramente nadie te haya dado una oportunidad.
Por que me enojaría con vos? Si se que la gente te pasa por al lado acostumbrada a que duermas abajo de un cartón. Pocos o ninguno son los que intentaron sacarte de ahí.
Por que me enojaría con vos? Si se que si no me robas no comes. Y que yo tengo una cama y vos tenes una plaza.
Por qué me enojaría con vos? Si me cuentan que en el mundo alcanza para que todos comamos, y ya pasaron dos días y vos no probaste bocado.
Yo no me enojé con vos. Me enojé con el mundo entero. Pero no me enojé con vos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario