miércoles, 1 de diciembre de 2010

No me enojé con vos

El otro día me robaste. Pero no me enojé con vos.
Te vi como te me ibas acercando. Aunque estabas drogado, no te costó mucho darte cuenta que no habíamos nacido en el mismo lugar. A lo lejos era fácil distinguirme de tu realidad.
Me diste miedo, tengo que reconocerlo. Me amenazaste con una botella de vidrio rota, y aprovechaste la situación porque el semáforo estaba en rojo.
Me contaste que te habías recién levantado de la siesta y que tenías hambre.
Se que habías dormido sobre algún banco medio sucio y que probablemente no sabías ni que hora era.
Se que solamente querías comer o comprarte un poco más de droga para anestesiarte un rato más. Capaz que si yo salía corriendo no me hubieses ni lastimado. O si, no lo se. Por las dudas ni lo intenté.
Nuestro encuentro duró menos que lo que duró ese maldito semáforo, o bendito, ya no se que pensar.
Pero no me enojé con vos. Aunque había cobrado ese día, no me enojé con vos.
Por qué habría de hacerlo? Se que no tenías otra posibilidad. O mejor dicho, seguramente nadie te haya dado una oportunidad.
Por que me enojaría con vos? Si se que la gente te pasa por al lado acostumbrada a que duermas abajo de un cartón. Pocos o ninguno son los que intentaron sacarte de ahí.
Por que me enojaría con vos? Si se que si no me robas no comes. Y que yo tengo una cama y vos tenes una plaza.
Por qué me enojaría con vos? Si me cuentan que en el mundo alcanza para que todos comamos, y ya pasaron dos días y vos no probaste bocado.
Yo no me enojé con vos. Me enojé con el mundo entero. Pero no me enojé con vos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario