jueves, 25 de noviembre de 2010

La espiritualidad desde abajo

El corazón guarda las más profundas respuestas que a lo largo de la vida me paso buscando. Busco, corro, no respiro, no duermo, lloro, grito. Me desespero, y ahí está. Sólo Dios basta...Sólo Dios basta... y sin embargo sigo pujando desde mis entrañas para que baste conmigo misma.
Es que yo sola no podría, no puedo, pero ese paso me daría la más absoluta dependencia, de la mano de la experiencia más liberadora que cualquiera pueda palpar.
Pero la mujer, la jóven o muchacha, quizá niña, no quiere desprenderse de su ego, porque la mantiene alejada de todo lo que la molesta. Que aparente paradoja, no? Pareciera que Dios es algo celestial, lejano, que te aleja de la tierra, del barrito de todos los días, pero termina siendo el ancla más grande que uno tiene a su vida.
Él, que me hace embarrarme los pies de vida me espera para que baje de mi estratófera fantaseosa, y yo lo sigo buscando en las alturas. Abajo, allá en lo profundo, está sentadito y silencioso, mirándome, esperando a que se me pinche el globo, y me caiga en sus brazos. El camino con Dios es descendiente, siempre hacia abajo...

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