sábado, 4 de junio de 2011

Buenos Aires

Creo que es una mirada demasiado realista de lo que se vive en esta ciudad. Repleta de edificios que reflejan los muros internos que esta gente lleva.
Los gigantes que aplastan las ideas, las sombras que entristecen los sueños.
Camino en media de ella, en el barrio más cotizado. Veo las diferencias disimuladas, el encierro de las mentes caminantes, la moda repetida y las ganas de vivir agobiados.
Hay un modo de hablar predominante y unos pocos que desentonan. Son aquellos invisibles, olvidados. Rejas, alarmas, cemento a modo de resistencia. Un ruido constante de sirenas y colectivos que aborrezco y que muchos ya han integrado.
No es este el modo que elijo. No quiero acostumbrarme. No me consuelo con una plaza bien mantenida ni ropa cara.
Esta ciudad que me mata, me rechaza porque no encajo. Me aturde porque la odio. Y por un sueño, solamente por este sueño, resisto día a día, mes a mes, año a año, amenazándola con mi retirada.

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