
Todo se rompe, de a poco la ciudad ruidosa que aparentaba diversión y alegría fue saqueada. Nada queda. Vacío.
Y de a poco, el agua dulce y mansa brota del corazón de Aquél que me lo había prometido, acariciando la tierra pelada y dolida por tanto miedo. Por tanta verdad.
El agua comienza a brotar, a penetrar, poco a poco, llegando suavemente a sus llagas suplicantes.
El cacharro fue quebrado por la fuerza de tanto Amor, ya no podía seguir sosteniendo lo que no era suyo. Y otro nuevo fue construido en su lugar. Un cacharro nuevo, moldeado con esas manos, fresco y viejo a la vez ( hace tiempo esperaba ser construído). Con delicadeza como cuando una madre acobija su hijo enfermo, lo iba mirando y acariciando, haciéndolo parte de Él.
El cacharro está listo. Este cacharro está vacío, listo a ser llenado por Aquél que lo moldeó.
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