Me acuerdo hace unos años haber visto en algún diario argentino una imágen tristísima de gente africana trepando desesperadamente por los alambrados para entrar a España. Un conflicto interminable en este mundo, donde no nos cansamos de ver la desigualdad.
Al ir acercándonos mas al centro de la ciudad, el panorama cambia, y entras en un cuento medieval. Los adoquines, las flores, las terrazas, los aljibes, la desprolijidad romántica, todo acompañado de una gran amabilidad por parte de los regionales.
Los lugares visitados? Un museo arqueológico y la mezquita imponente (otro de los rastros de la cultura árabe en este país).
Después de recorrer todo el día, nos subimos al auto para marchar hacia Sevilla (1er lugar en la lista de mamá). Antes pasamos por un supermercado. Para nosotros, un programon. Para empezar, Dios sabe por que estaba vacío. Era inmenso y tenía de todo. Me deleité por la góndola de las galletitas, una mas rica que la otra. Me compré unos yogures griegos, que dicen que era el placer supremo de los dioses, y creo que debe ser verdad. Ni hablar de los quesos, el jamón crudo, los panes. Paaaaaaa! Que manera de comer! De postre? una cerecitas que son como caramelos.
Me voy a dormir. Y mañana a bailar flamenco!
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