jueves, 11 de agosto de 2011

Granada y el gordo del trencito de Toledo

Quien no ha visto Granada, no ha visto na...! Sin duda, lo mas lindo. Por lo menos, hasta ahora. Lleno de bosques, caminos, secretos. Una ciudad encantada.
Por desgracia, no pudimos entrar a la alhambra, un castillo o mezquita (no se bien porque no lo vi). Está puntuado como uno de los lugares más lindos de España. Una verdadera lástima. Pero ni nos calentamos, el camino va marcando su rumbo y así está bien.
El lugar está plagado de sucuchitos árabes, tienditas donde te venden desde alfombras voladoras (casi preguntamos si volaban pero nos pareció una falta de respeto), aros, lámparas mágicas y demás chucherias al estilo Aladdin. Por supuesto, el objeto más cotizado por mi humilde razón: un par de aros. Cada viaje que hago, es regla casi irrompible el tener que llevarme unos a casa. Y estos son muy lindos.
Este es un lugar de mucho calor, así que nos dimos el lujo de venir a un hotel que tiene pileta y le sacamos provecho. Hay barcitos encantados que te invitan a sentarte y tomar algo. Eso hicimos hoy mientras nos acordábamos del pobre señor que se sentó al lado de papá en el tour por Toledo. Acá se va a venir a sentar, justo de este lado! (teniendo en cuenta que del otro lado estaba yo, y que habían setenta personas, y solo cincuenta lugares en ese pequeño trencito). Pobre turista, un argentino usó su cabeza pelada como trípode para sacar fotos y fué el tema de nuestro almuerzo!

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